El Cazador escalaba a toda velocidad el edificio, huyendo de un ser de patas de cabra
piel azulada y cuernos, un demonio de Pandemonium, la Capital del Infierno.
Llegó al tejado un segundo antes que el Demonio.
El Cazador rebuscó en sus bolsillos y halló una esfera metálica de unos centímetros de diámetro, y la lanzó por el lado contrario del edificio.
Después, corrió como alma que lleva el diablo (o que intentaba llevar) y saltó por el borde.
El Demonio le seguía.
El Cazador sacó entonces su pistola y apunto a la bestia.
Uno, dos, tres; hasta quince disparos que penetraron en la piel azulada,
y hicieron llover Icor negro sobre la calle.
Pero no era suficiente. Cuando el Demonio lo alcanzó,
cuando la Muerte esperaba ansiosa obtener una víctima;
el Cazador hundió su cuchillo sobre la carne, dura como el acero
que había sido endurecida en los confines del sexto circulo.
Pero el metal templado sobre agua bendita atravesó
la piel hasta el negro corazón de la bestia.
El Ser se disolvió en una niebla azul y volvió a su sitio en Pandemonium
junto al Malvado.
El Cazador cayó sobre la colchoneta de aire y al levantarse,
se volvió y se unió a las sombras,
de nuevo.