El Cazador observaba el siniestro lago, teñido de negro y blanco bajo la Luna desde un risco. En el bosque se oían los aullidos de los lobos, distantes, si bien sonoros.
La mirada del Cazador era una mirada de las que te atraviesan. Y esa mirada estaba fija en la playa junto al lago.
La Luna casi estaba en el Cenit, y junto a la orilla, siete personas bailaban junto a una hoguera de llamas esmeraldas sobre las que descansaba un caldero de hierro negro.
Pero, no se si se deben de llamar "personas".
Los Hijos de la Noche bailaban en su Aquelarre, felices de sacrificar un pobre alma al Malvado.
No sabían lo que se les echaba encima...
sábado, 8 de diciembre de 2012
miércoles, 28 de noviembre de 2012
En el Cementerio
Atravesaba el Hombre de Negro un cementerio hundido en las sombras. Los relámpagos iluminaban la senda, revelando los nombres de Aquellos que Murieron.
La tempestad asolaba la zona, pero aun así, la luz de la Luna se abría paso entre las nubes oscuras, burlona en la Cúpula Celeste.
Cuando la Luna llegó al Cenit; la tierra se sacudió, entre los flashes el Hombre de Negro pudo ver pálidas manos, heladas desde antaño surgían bajo la influencia de la Dama Blanca.
Pero el Hombre de Negro no tenia que temer, pues el mismo pertenecía a la Noche, y sus otros hijos no le harían daño.
En el centro del Cementerio, había un árbol, seco y oscuro; con un hombre empalado en una de sus ramas mas grandes. Un cuervo lo devoraba con gula, esperando darse un festín en solitario. Y junto al árbol, una hoguera de llamas esmeralda que ardían bajo la lluvia. Rodeándola, un variado grupo de hijos de la Noche vertían una vasija llena de sangre carmesí a un caldero de hierro negro, santificado al Malvado.
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